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viernes, 21 de enero de 2011

La historia de La la la

Siempre ha habido puntos oscuros en la historia, o mejor dicho, en lo que se contó sobre el "La La La". Manolo y Ramón (El Dúo Dinámico) nos han contado de primera mano, cómo compusieron la canción que ganó Eurovisión por vez primera para España, su relación con Joan Manuel Serrat, con Massiel y las vicisitudes y anécdotas que vivieron. Aunque está contado en tono coloquial, todo es rigurosamente cierto.

Todo empieza en Galicia, en el invierno 1967-68. El dúo había ido a cumplir un contrato en una sala de fiestas en Orense, y el día que tenían que regresar a Madrid, cayó una nevada antológica. Tal como estaban las carreteras entonces, lo recomendable era quedarse allí, y esperar que estuvieran transitables. Si no hubiera nevado ese domingo, no habría existido el "La La La", porque la suerte hizo que después de jugar a las cartas con algunos de los músicos en el hotel para pasar el rato, decidieran ir a ensayar y probar de hacer algo con la guitarra, alguna canción nueva, como acostumbraban. Ramón toca, y Manolo empieza a tararear algo, salen una melodía y unas armonías interesantes y algo empieza a tomar forma. El estribillo queda decidido, y a Ramón le gusta que se quede de leit motiv "La La La". Por entonces ni sabían, ni pensaban en Eurovisión. Pero gracias a la nevada tendríamos canción para dicho festival. Al día siguiente se despeja el temporal, y vuelven a Madrid, con el tiempo justo para tomar el avión hacia Venezuela. En Caracas tenían que cumplir otro contrato. Al regresar a España, les viene a esperar su manager de entonces, José Mª Lasso de la Vega, y les cuenta que deberían intentar hacer una canción para presentar a la preselección que hacía TVE para elegir una canción que representase a España en Eurovisión. Bueno, fantástico, tenemos algunas ideas, le dijeron. Quedaron en encontrarse en Barcelona, donde el Dúo actuaba en un local de la calle Sarriá, para escuchar la canción.

Lasso de la Vega, que hay que decir que también era manager de Joan Manuel Serrat (Ramón, amigo del "Nano", se lo había recomendado y presentado hacía algunos años), aparece allí una noche con Serrat, y antes de salir a actuar, en el camerino, pide a Manolo y Ramón, que les enseñen la canción de que hablaban y que habían iniciado en Orense. El Dúo la canta, y le gusta a Joan Manuel y por supuesto a José Mª Lasso. Lasso de la Vega, hombre práctico y muy inteligente, mataba así dos pájaros de un tiro: uno de sus artistas hacía la canción, y el otro la cantaba. Entonces surge: bueno ¿Y la letra? No tiene todavía. Lasso dice "Tengo una idea: Vosotros hacéis la música, y que sea "el Nano" quien haga la letra, la cante, y la presentamos así a Televisión". Joan Manuel, y Manolo y Ramón están de acuerdo. El Dúo indica que les gustaría que el estribillo y el título conserve el "La La La" defendiendo la idea de que al no tener un texto concreto, será una canción universal, igual para franceses, ingleses, italianos o alemanes, y eso es un punto muy importante, lo justo para un festival multilinguístico. A todos les parece bien. Así quedaron las cosas. Faltarían probablemente algunas semanas para que terminase el plazo de presentación de la canción a TVE, y había tiempo. Bien, pues no tanto. Llega la semana de presentar la canción, Joan Manuel no había hecho la letra, llega el día antes, y tampoco. Manolo y Ramón, que no quieren perder esa oportunidad, empiezan a trabajar a toda prisa, y Manolo termina una letra que piensa será provisional: "Yo canto a la mañana...que ve mi juventud...". Se dijeron: "Vamos a presentarla y si TVE la elige nadie se opondrá a que Joan Manuel cambie lo que quiera de la letra o haga una nueva". Manolo y Ramón graban una maqueta con la letra que había hecho Manolo la noche anterior, y la presentan dentro del plazo.

El jurado que debía elegir la canción que representará a España, presidido por el Sr. Arthur Kaps, es unánime, y vota la canción La La La como próxima representante de España. Cuando Lasso dice a TVE que Joan Manuel estaría dispuesto a cantarla en Eurovisión, la cosa está clara. Manolo y Ramón se felicitan, a la espera de que Joan Manuel decida lo que quiere hacer con la letra. Pero a pesar de que lo intenta, la letra en castellano se le resiste a Joan Manuel, y hace, en cambio, un texto en catalán del cual ha quedado muy satisfecho. Secreto nunca aireado: La compañía de discos de Joan Manuel, Zafiro (o quizá él mismo) hacen presión ante TVE y proponen que en vez del " La La La", Joan Manuel llevase a Eurovisión una canción nueva que había compuesto titulada "El titiritero". Este cambio, hubiera sido ilegal ya que transgrediría unas normas de presentación y plazos. El Dúo se entera de la maniobra, pero no puede hacer nada. En TVE escuchan "El titiritero" , y acuerdan que no, porque aún siendo una muy buena canción, el " La La La" tiene mas posibilidades de ganar porque es mas pegadiza y mas universal. Y se trata de ganar: España necesita ganar Eurovisión, y la ocasión la pintan calva. Ya todo el mundo de acuerdo con el "La La La", llega el plazo en que se tiene que grabar la canción, Serrat no ha terminado la letra en castellano, y decide grabar la letra que había hecho el Dúo, y grabar además su versión en catalán.

Arthur Kaps ha logrado, gracias a su buen hacer que el arreglo de la canción lo haga un buen amigo suyo, Bert Kaempfert, genial autor de la música de "Strangers in the night" de Frank Sinatra. Las cosas empiezan a salir realmente bien, esto marcha. Zafiro decide ir a grabar a Italia, en Milán, donde ha grabado JMS últimamente, y allí van todos: gente de la compañía de discos, Juan Manuel Serrat, José Mª Lasso, Juan Carlos Calderón que dirigirá la grabación, y Manolo y Ramón son también invitados. Se graba el "La La La" en catalán y castellano. Todo el mundo está feliz, y muy animado, porque vamos a ir a Eurovisión con algún que otro as en la manga. Un cantante extraordinario y de gran éxito, una canción moderna y fácil, un arreglo excepcional...todo está preparado para el éxito. Faltan apenas dos semanas para el evento, y Joan Manuel empieza a hacer la promoción del "La La La" por todas las televisiones de Europa, como era costumbre, donde ya se empiezan a recoger los primeros síntomas de que es una de las favoritas del certamen de ese año.

No podía ser todo tan bonito. Mientras "el Nano" estaba de promoción, hay grupos de presión política en Catalunya (Edigsa, la compañía de discos de JMS en catalán, Banca Catalana, -¡Cielos! ¡Pujol cabalga!-) que no están conformes con que Joan Manuel, máximo representante de la música en Catalunya represente a España y lo haga en castellano. (Hay que hacer notar que JMS había ya grabado muchos álbumes en castellano, y que siempre se autodefinía como bilingüe; por tanto no tenía nada de extraño que llamado a representar a España, lo hiciera en el idioma mayoritario del país, el castellano, y lo otro era politizar el asunto, sin duda para llamar la atención internacional hacia Catalunya, en un momento muy cerca del Festival, en que ya estaba todo en marcha. Así sería mas evidente. Por otro lado, a Edigsa le interesaba que cantara en catalán porque entonces el disco que se vendería sería el suyo, no el de Zafiro, que era en castellano...). Ignoramos cómo, pero el hecho es que convencen a Joan Manuel, que estará de acuerdo con el planteamiento: o cantar en catalán o echar marcha atrás.

Ramón recuerda que ése día había ido a comer a su casa José Mª Lasso "le gustaba la sopa de cocido que hacía mi madre", antes de irse por la tarde a París para ir a ver a JMS que estaba allí promocionando la canción. Estaban viendo el Telediario, y la bomba salta. Juan Manuel Serrat ha hecho saber que no irá a Eurovisión si no es cantando el "La La La" en catalán. Evidentemente, la estatal TVE no se iba a achantar. En un comunicado oficial, el locutor, descalifica al cantante y el asunto toma un cariz sospechosamente político, que sin duda era lo que pretendían los grupos nacionalistas en Catalunya. Tenemos pues, a JMS poco menos que de refugiado político en Francia, país con antiguas resonancias de exilios, y sin duda, no elegido al azar. José Mª Lasso, no se sorprende con la noticia, puesto que ya la sabía, hasta el punto de que habría estado negociando con Edigsa (o en las oficinas de Edigsa), ésa misma mañana con alguien, sobre qué pasaría, en caso de que las cosas salieran mal y Joan Manuel no cantara en Eurovisión ni pudiera regresar a España.

Lasso pide a Ramón que le acompañe al aeropuerto, y una vez allí le pide que pase por aduana un maletín que sabe que contiene dinero, que supuestamente sería para permitir sobrevivir a JMS en su exilio, en caso de que éste se alargara. Hay que recordar que en aquel tiempo era un grave delito el sacar moneda fuera de España. Ramón piensa que debe arriesgarse por ayudar a un amigo con problemas, y no lo duda ni un segundo. Lasso se aprovecha de que Ramón goza de fama y de simpatía, y éste pide permiso a los agentes para despedir a Lasso de la Vega, sabiendo que no desconfiarán de él. Pasará la aduana tranquilamente acompañando a Lasso y llevando el peligroso maletín mientras dirige una sonrisa a los guardia civiles de turno que a buen seguro, además, desearían pedirle un autógrafo. Hasta la fecha nunca, entre ellos, entre Joan Manuel y Ramón han vuelto a comentar éste hecho. En el país, no se habla de otra cosa que de la "espantá" de Joan Manuel. Manolo y Ramón defienden que Serrat habrá tenido sus razones para hacer lo que ha hecho. Desde el primer día, se comunican cada noche con el hotel George V, donde se hospeda JMS en París, para explicarle como andan las cosas, lo que se dice en la calle y lo que pasa a nivel oficial.

Aunque TVE se rasga las vestiduras oficialmente, tiene que seguir adelante; faltan pocos días y alguien tiene que cantar el "La La La". Se barajan varios nombres, e incluso el director de TVE en aquel momento, Juan José Rosón, llama a Manolo y Ramón y les previene para que estén preparados, porque podrían ser llamados a cantar la canción en Londres. Pero la compañía Zafiro, que ya ha hecho grandes inversiones, pelea, y propone a otra artista de su misma compañía, Massiel, la cual se halla en México actuando. Se ponen en contacto con ella, y arreglan todo rápidamente. Massiel viene a España de inmediato, escucha la canción, la aprende, se adapta el arreglo de Bert Kaempfert a su tono de voz, y se graba en los Estudios Kirios de Madrid. Manolo y Ramón están allí, así como el maestro Ibarbia que dirige la orquesta. Todo queda bien, y ya nada mas resta ir a Londres.

domingo, 16 de enero de 2011

En el estadio con Serrat

Habíamos quedado en que finalmente Sí me había comunicado con Serrat, entonces ahora quisiera compartir con ustedes en qué va acabó esta conversación.
Después que él se presentó conmigo por teléfono mi maestro me señaló que al momento de hablar él se encontraba a medio camino entre Santiago y Valparaíso, ciudad-puerto ubicada a unos 120 kilómetros de mi ciudad, y que regresaría a Santiago pronto, en unas cuantas horas pues había de hacer su único ensayo para lo que me dijo que yo fuese al Estadio Nacional (lugar del concierto) aquel mismo día a las nueve de la noche y que allí podríamos hablar.
No es necesario decir que a la hora señalada yo estaba muy puntual pero no había contado con el primer obstáculo. Al llegar al estadio y tratar de ingresar me encontré con que los guardias de la puerta no me creyeron la historia. Hice, entonces, un pequeño escándalo exigiendo que llamasen al señor Lombardi. De tal manera fue mi insistencia que lo hicieron recibiendo por toda respuesta la autorización para que me hicieran ingresar al recinto.
Después de media hora de larga y ansiosa espera entraron dos vehículos grandes, imponentes, casi lujosos diría yo. Del vehículo delantero salieron los cuatro músicos de Serrat: Josep Bardagí Freixes, jordi Clua, Enric Cannada y Josep Font, verdaderos semidioses que hacían compañía al objeto de mis sueños. Del automóvil posterior aparecieron el argentino y, Siiiii, el mismo Joan Manuel Serrat Teresa. Lo veo y corro. Me pongo frente al maestr, cara a cara, y le digo, en catalán, por supuesto:
- Señor Serrat, soy Joan Figueres Guíxols.
Sin que pasara un segundo, Serrat me toma de los hombros y me da un fuerte abrazo, al tiempo que me decía:
- Muchacho, tui caso me ha dado mucha ilusión.
Entonces me toma y me dice que lo acompañe. Dejamos boquiabiertos a los periodistas que le esperaban y conversamos unos cuarenta minutos. La verdad es que yo no terminaba de creermelo. Serrat y yo conversando. Serrat preguntándome cosas de mi vida. Serrat agradeciéndome, sí, agradeciéndome el interés por su obra y su idioma. Si soy el único beneficiado de todo esto.
Para terminar esta serie con Serrat, sólo les diré que desde entonces con Serrat el contacto ha seguido pues cada vez que viene por estas tierras chilenas me llama, tengo dos entradas aseguradas y charlamos como los mejores amigos. Un simple hombre hablando con dios, así es como lo siento. Y eso que ya han pasado veinte años.

Una llamada increíble

Había llegado el día tan deseado: Serrat ya estaba entre nosotros simples mortales.
Llegó un día jueves. Le do dos horas antes de tomar acción.
Pasaron les dos horas, pues ya estamos listos... uno... dos... tres... ¡llamemos, entonces!
Hice la primera llamada y en seguida me respondió el argentino: hice el saludo de rigor, él respondió y nada, ¡se cortó! Segundo intento: lo mismo, igual que la tercera y la cuarta llamada. A cada llamada podía hablar con Lombardi tan sólo algunos segundos, los suficientes para que éste señor se enterara que era yo el que le telefoneaba.
Después del cuarto intento hice una llamada más pero esta vez me contestó una voz más grave que la del argentino, el cual se caracterizaba por tener un tono agudo. Esta voz, que no era la del argentino, me dijo en castellano:
- Diga...
En seguida comienza el siguiente diálogo:
- Buenas tardes. -Le dije. Necesito hablar conm el señor Lombardi.
- ¿Y cuál sería el motivo?
- Lo que ocurre es que el señor Lombardi me pondrá en contacto con Joan Manuel Serrat.
- ¿Cómo se llama usted?
- Joan Figueres i Guíxols.
Entoces el hombre que estaba al otro lado del aparato me dijo en un perfecto catalán con acento barcelonés:
- Jo sóc en Joan Manuel Serrat.
No me lo acababa de creer. Sin meditarlo me puse a hablar en catalán.
Esto que parecía la cumbre del cielo todavía la vida me tenía preparada una más que agradable sorpresa.

Con el Road-Manager

Al día siguiente había llegado temprano a la oficina del Road Manager de Serrat. Resultó ser un argentino, un hombre de mediana edad, delgado, delgadísimo y que vestía de una manera juvenil. Cuando llegué a la oficina del argentino éste todavía no había llegado, pero sí lo habían hecho dos o tres personas más, las cuales, según me enteré después, eran periodistas que querían contactar al Road manager para una entrevista con Serrat.
Al llegar me presenté con la recepcionista diciéndole que era Joan Figueres i Guíxols, ella me sonrió y me dijo que el argentino todavía no había llegado. Me senté y después de media hora Lombardi llegaba, pero fue necesario esperar todavía un rato más. Entonces se siente el citófono y la mujer de la recepción al primero que hizo pasar fue al señor Figueres, es decir, a mí. Como era lógico los periodistas hicieron sentir sus protestes. Ante esto la mujer les da por toda respuesta:
"Es que el joven es amigo personal de Joan Manuel Serrat".
Aquellas palabras me hicieron sentir como si estuviera en el paraíso: Yo, un simple mortal, amigo personal de Zeus, Buda, Ahura Mazda, todos juntos en un solo nombre: Joan Manuel Serrat.
Una vez adentro del despacho de Lombardi, él me extendió la mano al tiempo que decía:
"Así que por fin te conozco".
Mi cara de extrañeza era tan obvia como evidente. El argentino tomó un sobre que tenía encima de la mesa y me lo dio. Lo recibí dándome cuenta de su contenido: cinco entradas a la mejor ubicación del día del concierto. Miré a Lombardi y le digo:
"Gracias pero yo ya tengo mis entradas para ambos días, ¿en todo caso qué le parece si le cambio estas cinco entradas por cinco minutos con Serrat?" Acto seguido le devuelvo el sobre con su valioso contenido a mi interlocutor.
El argentino me devuelve el sobre con una sonrisa en el rostro diciéndome:
"No te preocupes, uno de los encargos que tengo de parte de Serrat es concertar una entrevista entre ustedes dos."
"Entonces, -digo yo- ¿cómo lo haríamos?"
"Muy fácil, apenas tú te enteres que Serrat está en Chile me llamas a mi celular ya que yo estaré siempre al lado de Serrat en tanto no esté en el hotel o dando el concierto".
Y quedamos así. Me despedí lleno de ilusión no creyendo que estaba a punto de concretar un sueño que yo no pedí.
¿Será tan fácil esto?

sábado, 15 de enero de 2011

Nueva correspondencia


Serrat fue la figura en Chile durante aquel año de 1990. Por todos lados se anunciaba su concierto. No se presentaba en mi país desde febrero de 1973, es decir, largos diecisiete años.
Ya habían pasado unos pocos meses desde la llegada del disco que me enviaron desde Barcelona, la carátula del cual ilustra la historia del día de hoy.
Cierto día fui nuevamente a revisar mi Apartado postal y sólo había en él un sobre pero que haría historia. Me explico: era uno de esos que en Chile se denominan tamaño americano, es decir, pequeño y alargado en sentido horizontal, pero la particularidad de éste era que en su anverso llevaba impreso el logo de la productora que estaba a cargo del evento del recital de Serrat. Dentro de él había un tarjetón escrito a mano con letra imprenta y en castellano. El texto, bastante escueto decía:
“Señor Figueres:
Me llamo Joaquín Lombardi y soy el Road-Manager de J. M. Serrat. Él me encargó que me pusiera en contacto con Ud. Me puede llamar a mi móvil: 08 – 324 67 93”.

Ni que decir que lo llamé enseguida. Este señor me citó para el día siguiente en su oficina.
Y las cosas seguirían su curso normal.

Volviendo a la realidad


Después de haber enviado la carta a España ya me consideraba con la tarea cumplida. Estaba feliz. Había logrado mi propósito: aprendí catalán (que es un idioma y no un dialecto como muchos desinformados piensan) y envié la carta, que Serrat de ninguna manera leería, pero me me llevaría una sorpresa, al menos en apariencia.
Pasaron algunos meses y me encontraba de vacaciones en la playa. Tuve que viajar a Santiago a cobrar mi salario por lo que aproveché de pasar al correo a ver si tenía correspondencia en mi Apartado postal. Cual no fue mi sorpresa al ver que además de todas las cartas que allí había para mí también estaba una papeleta de Correos de Chile en donde se me indicaba que pasara al mesón pues había un paquete que me habían enviado desde España. Todo no revistiría ninguna sorpresa de no ser por el caso que yo no conocía a nadie en la madre patria. El remitente era de la ciudad de Barcelona y tanto el destinatario como el remitente estaban escritos a mano. Era un sobre grande, cuadrado, en papel grueso, de estos que se utilizan para enviar documentos.
Abro el contenido y no se imaginan mi sorpresa al comprobar, consternado, que dentro de él estaba el último disco de Serrat en catalán (Material Sensible) junto a una carta manuscrita en términos bastante conceptuosos hacia mi persona.
Durante todo el trayecto entre Santiago y mi lugar de veraneo (unos 300 kilómetros) fue un sueño. ¡Imagínense! Realmente creía que el mismísimo Joan Manuel Serrat se había tomado la molestia de no sólo enviarme un disco suyo sino que escribirme de su puño y letra.
Se me olvidaba un detalle: el disco, obviamente, venía autografiado, y decía: "Per a en Joan Figueres i Guíxols, ben cordialment".
Al pasar los días volví a la realidad: definitivamente Serrat nunca supo de mi existencia, tal vez fue su secretario personal quien quiso terminar con la molestia que significaba este serratiano de las antípodas del mundo: Le enviamos el disco y la carta y se deja de molestar.
Sí, todo había sido un sueño. El despertar fue muy doloroso, se los aseguro.

sábado, 8 de enero de 2011

Una carta emprende el vuelo


En la carta le expresaba mi más sincera gratitud y admiración, como es de suponer, además de narrarle en forma breve la razón y el trabajo que me condujo a redactar aquella carta en catalán. Me presentaba como un joven profesor, admirador de Serrat, y que, graciosamente, escribía versos en catalán bajo el seudónimo de Joan Figueres i Guíxols. Le explicaba qué significado tenía este nombre:
JOAN: Por él mismo.
FIGUERES: Por Dalí
GUÍXOLS: Me parecía un topónimo que fonéticamente iba bien para el efecto.
Además, le manifestaba mi extrañeza por el hecho de que sus discos en catalán sean tan difíciles de encontrar.
Así llena de ilusión se iban esas torpes líneas a atravesar el Atlántico, aunque yo sabía que él no la leería, antes bien, mis ilusiones irían a dormir el sueño de los inocentes en el tacho de los papeles de algun oscuro funcionario de TALLER 83, la productora de Serrat.

Aprendiendo catalán

Retomando la historia donde la dejé ayer quiero empezar diciendo que nada más entrar al Centre Catalá me pude dar cuenta que Serrat tenía, tiene y tuvo mucha razón: los catalanes no son españoles. Lo digo pues allí la primera persona que conocí fue al señor Joan Guasch i Oliver, natural de Arenys de Mar (Maresme), un caballero bajito, delgado de más de sesenta años de edad, quien llegó a tierras chilenas como refugiado de la Guerra Civil española, como él tantos otros. Por intermedio d'en Guasch me pude obtener ejemplares atrasados del matutino Avui, de las revistas El Temps y El Xiprerer, una gramática catalana y un diccionario bilingüe Catalán-español. La primera decisión fue renunciar a uno de los colegios en los que trabajaba y me puse de lleno a aprender mi nuevo idioma. Reconozco que por aquel entonces mi actitud fue poco equilibrada pero hasta el día de hoy no me arrepiento de ello. Me demoré cuatro meses, siete horas diarias en aprender el idioma literario pero quedé tan fascinado que ahora lo quería hablar pero para ello fue necesario apuntarme a las clases de catalán que daban en el mismo Centre. Quien fungía como profesora era la señora Montserrat Bru i Llop, hermana de la pintora Roser Bru. Ella, armada de mucha paciencia, respondía a mis preguntas, a la vez que estaba maravillada por la razón que me movía a aprender el idioma: el amor a uno de los hijos más preclaros de aquella bendita tierra catalana. Ella normalmente decía: "Tant debo els meus néts tinguéssin el teu amor per la nostra parla". Finalmente aprendí el catalán y ya lo podía hablar. Hice muy buenos amigos en el Centre. Ya estaba listo para escribir mi carta. Pero esta ya es una pequeña historia que será mejor dejar para mañana.

La aventura por el catalán

La idea estaba ya germinada en mi cabeza, ahora había que llevarla a cabo, nada más. Sí, a primera vista parecía sencillo pero una tarea titánica estaba por comenzar, aunque esto yo no lo sabía. Como dije en la lectura anterior, sólo tenía 23 años, lleno de ilusiones por ser un profesor novel y un corazón rebosante de admiración por este héroe de mi infancia y adolescencia. Ya estaba trabajando como profesor y me desempeñaba en dos colegios, lo que implicaba laborar entre 8:00 y 17.00 hrs. , pero estaba encantado pues estaba realizando lo que había sido para mí el sueño de toda la vida. Al momento de plantearme los pasos a seguir para empezar mi aprendizaje de catalán tuve que a la pregunta de en qué lugar podrían enseñar catalán en Chile. ¿existirían catalanes en Chile? La verdad es que mi ignorancia en el tema era abismante. Lo primero que pensé fue que al tratarse de una lengua hablada en la madre patria lo lógico sería dirigirme a la embajada española. Así lo hice pero me llevé mi primera sorpresa desagradable: no fui bien recibido, en realidad no yo sino que mi interés por el catalán. La respuesta que recibí del funcionario español que me atendió fue: "Y para qué quieres aprender a hablar eso?" Esta frase me sonó más bien a blasfemia, pues este oscuro personaje trataba como cualquier cosa la mismísima lengua en la que Serrat se expresaba cotidianamente, lo que para mí tnía un tinte cuasireligioso. El siguiente paso fue ir al Estadio Español, señera institución elitista anquilosada en medio del barrio alto de Santiago de Chile. La respuesta fue la misma: allí no estaban interesados en un imberbe sudaca que quería aprender la lengua de los catalanes. En Chile decimos que "la tercera es la vencida" y en mi caso se hizo realidad de una manera literal. Comenté mis intentos con un compañero de universidad y él me recomendó el Centre Català.
¿El Centre Català, pensé yo, acaso no es un restaurant? Yo quiero aprender un idioma, entonces ¿para qué necesito un restaurant? Como no tenía mucho qe perder fui y cuál no sería mi sorpresa al enterarme que el Centre Català sí era un restaurant, bastante elitista por lo demás, pero que también era una institución cultural que aglutinaba a la colonia catalana de mi ciudad. Éste contaba con un coro polifónico, una agrupación de empresarios, otra de profesionales y una magnífica biblioteca de textos en catalán. Sin embargo, la primera pregunta a la que me enfrenté fue: Está bonito el lugar, bastante interesante, pero ¿enseñarán el idioma a un simple profesor tercermundista?

jueves, 8 de octubre de 2009

Serrat y yo

Retraído, silencioso, ensimismado... estos tres adjetivos son los que mejor definen mi personalidad, aquello que los catalanes llaman tarannà, es decir, la forma peculiar que tiene cada individuo de conducirse en la vida. A pesar de lo anterior tuve mi vía de escape, la figura de un aedo, un rapsoda, un vate, la voz que me llegaba desde el otro lado del océano parea hacerme compañía.
La verdad es que con absoluta modestia debo declarar que descubrí a este este señor poeta el verano de 1972 con apenas seis años de vida. Se transmitía el Festival de la Canción de Viña del Mar cuya principal figura de aquel año fue Joan Manuel Serrat, la razón de que hoy esté escribiendo estas líneas que sólo pretender ser un homenaje, un acto de agradecimiento a tan noble figura de mi vida.
Con el paso de los años mi admiración fue creciendo, alimentado a los quince años por un regalo que recibí de mis padres: una casete con canciones en catalán, era la edición del álbum "Serrat 4"el cual hizo nacer en mí el deseo de aprender tan bello idioma pero para ello deberían pasar aún algunos años, varios años pues no fue sino hasta que egrese de la universidad que recién pude disponer del empuje para acomenter tan poco práctica tarea, según lo que mi entorno me decía. Sí, pues en Chile, me señalaban, no era rentable aprender una lengua de la que casi nadie había escuchado hablar. Era fines de los años ochenta. Pero, tan descabellada tarea tenía sólo dos metas:
a) Poder entender las canciones de Serrat
b) Escribirle una carta a mi héroe de la infancia aunque, evidentemente, él nunca la leyera.
Eso era, en un principio, mi montaña personal, la cual había que superar a como diera lugar.